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lunes, 14 de marzo de 2016

ISLAS CIES. UN ENTORNO PARADISÍACO EN NUESTRA PENÍNSULA

Sin llegar a salir de nuestra península podemos encontrar un entorno que nada tiene que envidiar a las soñadas playas caribeñas. Un escenario majestuoso bañado por aguas turquesas que dejan ver multitud de especies que habitan en ellas. Flora y fauna únicas, servidas sobre playas de arena blanca y fina,… una escena de ensueño. 

Frente a las Rías Bajas Gallegas de Vigo(Pontevedra) y a las puertas del Océano Atlántico, las Islas Cíes, son un archipiélago formado por tres rocas rebosantes de misterios: Son la Isla de Monteagudo (Illa Norte), la Isla Do FaroIlla do Medio) y la isla de San Martiño (Illa Sur). El conjunto de islas está separado del cabo de Home por el estrecho a Verga de Sotamento y alberga en su litoral “la playa más bella del mundo”, la Playa de Rodas, catalogada así por el Diario británico The Guardian en el año 2007. En ese año, las Islas Cies pasaron a formar parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia, ya que desde 1980 contaban con la denominación de Parque Natural, debido a la calidad y abundancia de especies que habitan en ellas.

Cuando el viajero desembarca en estas islas, ya sea desde Vigo, Baiona o Cangas de Morrazo, siente y entiende el porqué de tantas historias y misterios que se cuentan desde antaño sobre ellas…una playa paradisiaca, bosques que ocultan cientos de especies, montañas escarpadas y rotundas, calas de aguas cristalinas alejadas eternamente del mundanal ruido…no es de extrañar que la presencia humana se remonte al Paleolítico y, sobre todo, no es de extrañar que los piratas más famosos de su época hicieran de estas islas punto de encuentro, refugio y descanso, tanto, que sus habitantes tuvieron que dejarlas y huir de ellas.

Su faro fue construido en 1852 y se halla a 178 metros de altura sobre el nivel del mar. El ascenso a él es una de las mejores experiencias paisajísticas que se pueden vivir en nuestro país: cielo, mar y montaña unidos por el vuelo de las aves marítimas y el incesante canto del océano. Eso sí, la ruta se hace un poco dura sobre todo si se realiza en época estival y a horas de mediodía, aunque la recompensa del baño fresco (muy fresco) tras el descenso, hacia las calas de colores mágicos, también merece mucho la pena.

El acceso al parque está limitado a dos mil doscientas personas al día y el único hospedaje posible es su camping, que posee un aforo para albergar a ochocientos viajeros, en el que puedes llevar tienda propia de campaña o alquilar una. La estancia máxima es de 15 días y es obligatorio conseguir un permiso para instalarse.

Las protagonistas absolutas en los horizontes del parque, son las aves marinas, el cuervo marino cristado y la gaviota patiamarilla. Existen dos observatorios desde donde el espectáculo que se divisa con acantilados y el océano bajo los pies, valdrá la pena tanto para los amantes del senderismo como, especialmente, para los de la fotografía. Sin embargo, el verdadero tesoro de las Islas Cies se encuentra bajo sus aguas (y no hablamos de cofres y galeones), la fauna y flora submarina que allí se cobija posee un valor biológico incalculable. Por cierto, valor biológico que el ser humano ha estado a punto de convertir en nada una vez más, si no fuera por el esfuerzo de innumerables personas que han defendido este espacio natural único con uñas y dientes. ¿Cuándo los humanos aprenderemos a valorar lo que tenemos antes de perderlo?

Quienes  conocen las Islas Cies, dicen que se siente el magnetismo del océano, que se escuchan los ecos de leyendas pasadas y en el aire se respira una sensación de libertad y paz que, quizá, fuera lo que realmente buscaban los piratas…

Articulo publicado en el Nº 31 de 28300magazine

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