Sin llegar a salir de nuestra
península podemos encontrar un entorno que nada tiene que envidiar a las
soñadas playas caribeñas. Un escenario majestuoso bañado por aguas turquesas
que dejan ver multitud de especies que habitan en ellas. Flora y fauna únicas,
servidas sobre playas de arena blanca y fina,… una escena de ensueño.
Frente a las Rías Bajas Gallegas de
Vigo(Pontevedra) y a las puertas del Océano Atlántico, las Islas Cíes, son un
archipiélago formado por tres rocas rebosantes de misterios: Son la Isla de Monteagudo (Illa Norte),
la Isla Do
Faro( Illa do Medio) y la
isla de San Martiño (Illa Sur). El conjunto de islas está separado
del cabo de Home por el estrecho a Verga
de Sotamento y alberga en su litoral “la playa más bella del mundo”, la Playa de Rodas, catalogada así
por el Diario británico The Guardian en el año 2007. En ese año, las Islas Cies
pasaron a formar parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia,
ya que desde 1980 contaban con la denominación de Parque Natural, debido a la
calidad y abundancia de especies que habitan en ellas.
Cuando
el viajero desembarca en estas islas, ya sea desde Vigo, Baiona o Cangas de
Morrazo, siente y entiende el porqué de tantas historias y misterios que se
cuentan desde antaño sobre ellas…una playa paradisiaca, bosques que ocultan
cientos de especies, montañas escarpadas y rotundas, calas de aguas cristalinas
alejadas eternamente del mundanal ruido…no es de extrañar que la presencia
humana se remonte al Paleolítico y, sobre todo, no es de extrañar que los
piratas más famosos de su época hicieran de estas islas punto de encuentro,
refugio y descanso, tanto, que sus habitantes tuvieron que dejarlas y huir de
ellas.
Su faro fue construido en 1852 y se
halla a 178 metros de altura sobre el nivel del mar. El ascenso a él es una de
las mejores experiencias paisajísticas que se pueden vivir en nuestro país:
cielo, mar y montaña unidos por el vuelo de las aves marítimas y el incesante
canto del océano. Eso sí, la ruta se hace un poco dura sobre todo si se realiza
en época estival y a horas de mediodía, aunque la recompensa del baño fresco
(muy fresco) tras el descenso, hacia las calas de colores mágicos, también
merece mucho la pena.
El acceso al parque está limitado a
dos mil doscientas personas al día y el único hospedaje posible es su camping,
que posee un aforo para albergar a ochocientos viajeros, en el que puedes
llevar tienda propia de campaña o alquilar una. La estancia máxima es de 15
días y es obligatorio conseguir un permiso para instalarse.
Las protagonistas absolutas en los
horizontes del parque, son las aves marinas, el cuervo marino cristado y la
gaviota patiamarilla. Existen dos observatorios desde donde el espectáculo que
se divisa con acantilados y el océano bajo los pies, valdrá la pena tanto para
los amantes del senderismo como, especialmente, para los de la fotografía. Sin
embargo, el verdadero tesoro de las Islas Cies se encuentra bajo sus aguas (y
no hablamos de cofres y galeones), la fauna y flora submarina que allí se
cobija posee un valor biológico incalculable. Por cierto, valor biológico que
el ser humano ha estado a punto de convertir en nada una vez más, si no fuera
por el esfuerzo de innumerables personas que han defendido este espacio natural
único con uñas y dientes. ¿Cuándo los humanos aprenderemos a valorar lo que
tenemos antes de perderlo?
Quienes conocen las Islas Cies, dicen que se siente
el magnetismo del océano, que se escuchan los ecos de leyendas pasadas y en el
aire se respira una sensación de libertad y paz que, quizá, fuera lo que
realmente buscaban los piratas…
Articulo publicado en el Nº 31 de 28300magazine

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